angdeorum - Cuervos de papel
Cuervos de papel

Con un beso me liberó de la cárcel del dolor| IG: @Angelicabarrenoc ☝️ Español/English

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Carmes Y Recuerdos

Carmesí y recuerdos

Ella nació en carmesí. Con su lustra piel y el cabello de frenesí.

Enredada en nubes, sus ojos brillaron hacia mí. Desesperada y enamorada con suspiros, su voz se perdía por fragmentos en el aire acalorado.

Desde aquella noche se desvaneció de mi corazón el vacío, y como un ritual silencioso, sus suspiros se volvieron míos.

Hoy, mi corazón late estacionado en el vehículo de esa noche en que con el de ella estuvo acompasado. Romper las reglas nos había juntado, y aunque hoy mi piel ya no sostenga sus manos, las memorias del deseo pasado se llenan de refulgencia en mi mente y mis labios.

Concentrada en el silencio resonante de la figura ronroneante del auto a mi lado, las palabras cantan su nombre al evocar el dulce aroma de su cuello y el frescor de sus besos.

¡Oh Añorada compañera! He aprendido a vivir sin ti a mi lado. He encontrado en otras, otros susurros exaltados y mimados, pero contigo conocí el frenesí del amor inocente y desbordado.

¿Quién te quita de mis recuerdos bien preciados?

Entre nuevos horizontes aterciopelados, firmes y cálidos, navegaré con pasión y sin desdén, pero ten presente que tú siempre serás quien me enseñó a amar con locura y sin parangón.

Cada amor es único y el primero de mi pecho, lo robaste y acunaste tú. Con sonrisa efervescente y besos sin precedentes. Con pasión y locuras inocentes.

Con silencios adornados de ilusiones y retos. De desafíos y descontentos.

De pugna y dulces estruendos.

De pensamientos y dulces recuerdos.


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7 years ago

Intelligence without ambition is a bird without wings.

Salvador Dali (via theemotionmachine)

10 years ago

Nuestra pasión

En medio del ruido incesante de una ciudad que no conoce la anestesia, bajo el implacable mirar de un Dios de ojos de fuego y cabello volcánico, y a través del aire ennegrecido de los resoplidos pesimistas provenientes de cada punto cardinal, bajo mi piel late con fuerza y fervor una pasión capaz de vencer cualquier barrera para unirse con esa que late bajo tu piel. Tu pasión y la mía se conocen, desde la inocencia, desde la picardía, desde ese deseo necesario de tenerse la una a la otra para sobrevivir; desde esos suspiros silenciosos que arrancan sonrisas ensanchadas en nuestros labios; desde la distancia que separa nuestros cuerpos pero junta aún más nuestros corazones. Tu pasión y la mía son una misma que se dividió para sumergirnos en un vinculo tan divino como doloroso. Tu pasión y la mía están esperando para unirse de nuevo, y que, cuando nuestros cuerpos se unan, ellas se vuelvan una otra vez. Tu pasión y la mía. Mi pasión y la tuya. Nuestra pasión.


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10 years ago

Penoso Solitario (por Ang Deorum)

           Penoso el cielo que vacío me observa, jurando venganza cuando mi alma manchada se cansa de palpitar con ligereza en medio de una turba grisácea llena de quejidos solitarios.

           Penoso el sol pálido y decepcionado que camina a mi lado, tratando de ayudarme a ver lo que mis limitados y deseosos ojos no pueden percibir por sí solos. Este sol pesado y triste se posa sobre mi cabeza todos los días, y se acuesta confuso por mi renuencia a mirarlo ni siquiera un segundo.

           Penoso y desdichado el aire que respiro, pues he despilfarrado la vida que me otorga y él aún no se marcha; masoquismo sin correas. Atados el uno al otro estamos, y sin embargo no nos tocamos.

           Penoso el centro de mi pecho, aquel que me da sustento y me mantiene de pie. Su bondad la he despreciado y su verdad la he mal trajeado.

           Solitario he de andar, solitario como un ermitaño ignorante, porque respuestas y preguntas no tengo. Solo un espacio en blanco que se niega a sucumbir, causa de algún maleficio que este mundo desconoce y odia.

           Si otros como yo existen, penoso el suelo que pisamos, porque vida desperdiciamos y muerte retrasamos.


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7 years ago

Nadie más

La seriedad del firmamento me embargaba con un sentimiento de soledad que solo podía apaciguar con el líquido dentro de la botella en mi mano.

Sentada sobre aquel tejado podía cerrar los ojos y mientras la ventisca polar me azotaba la cara, pensar en lo mucho que había cambiado desde la última vez que me había decidido a avanzar.

No era la misma que se había enamorado ni la misma a la que habían traicionado. No era la misma que una vez había deseado llegar a este punto, y estaba segura de que no sería la misma que dos años después estaría en algún lugar que hoy no se me cruzaba por la mente.

Sentada sobre aquel frío tejado podía darme cuenta de que todos somos un compendio de sentimientos, emociones y costumbres que arden en nuestro interior cuan flamas que lengüetean el aire  a su alrededor, danzando imperturbables y seguras de su procedencia.

Sentada sobre aquel tejado me di cuenta de que aunque el tiempo pase y como los satélites, salgamos de orbita, y perdamos la brújula por instantes, siempre volvemos a nuestro centro de gravedad. Siempre volvemos a ese núcleo que cubierto de magma, es el motor de nuestro avance, el motor de nuestro funcionamiento, de nuestra respiración. Ese núcleo que nos hace levantar por las mañanas y que sabemos que tiene un propósito pero que solemos ignorar por anteponer situaciones, sentimientos o deseos que con el pasar de los solsticios se disipan como la bruma al amanecer.

Sentada sobre aquel tejado me di cuenta de que la única respuesta a todas las preguntas que tanto hacía, estaba en mi interior. Que por más que tuviera un affair con la vida y me dejara llevar por el frenesí de otra piel, siempre volvía a mí, y que siempre contaría conmigo y esas pasiones que me hacían respirar sin necesidad de sostener la mano de nadie más.

Sentada sobre aquel tejado me di cuenta de cuanto me había abandonado y de cuanto me había hecho daño, pero también de cuan bien era reencontrarme, de cuan increíble es vivir y aspirar un aire tan puro que solo puede provenir de un corazón en calma, un alma en sincronía y una conciencia llena de aprendizajes que solo me conducían al sendero que dictaminaba mi instinto y mis deseos.

Sentada en aquel frío tejado, bajo la seriedad de un firmamento que poco a poco fue aflojando sus cadenas dejando al descubierto luces titilantes, abrí los ojos y mientras la fresca ventisca me golpeaba el rostro, entendí, que no necesitaba de nadie más que de mí misma, para que cada mañana, al abrir los ojos, la primera respiración profunda que haga, sea de inspiración para vivir al máximo.

No necesitaba a nadie más que a mí.

Nadie Ms

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