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5 months ago

Regalo del mar

Mientras posaba en el espejo del gimnasio, la familiar sensación de tener un nudo en el estómago incomodaba a Roberto. Muy en su interior, sabía que lo que estaba haciendo no era correcto. Pero había algo que lo obligaba a volver a hacerlo una y otra vez, un impulso primitivo. El deseo de sentirse más grande, fuerte y viril, era lo que llevaba al joven a seguir robando el cuerpo de su tío cada que tenía la oportunidad.

Regalo Del Mar

Todo empezó hace varios meses, en un viaje familiar a la playa. Roberto flotaba sin preocupaciones en la orilla menos profunda del lugar, dejándose mecer por el leve oleaje. Estaba sumamente relajado, observando las nubes pasar sobre él. Solo una extraña molestia en su pie fue capaz de sacarlo de su ensimismamiento. De alguna manera, un pequeño y extraño objeto flotante había chocado contra él. Al sacar el objeto del agua, vio que se trataba de un brazalete. Aparentemente era de plata, y tenía algunas perlas intercaladas con el metal.

Regalo Del Mar

Era bastante bonito, así que Roberto decidió conservarlo. Pensó en regalarlo a alguna de sus primas, pero luego pensó que sería el regalo perfecto para su madre. Con la intensión de no perderla, Roberto se puso la alhaja en la muñeca. El resto de ese día continúo con normalidad. La familia del chico había rentado unas cuantas cabañas para todos, pero el espacio era poco, por lo que algunos tuvieron que compartir habitación. A Roberto le tocó dormir junto a su tío Nadem, el hermano menor de su padre.

Regalo Del Mar

A Roberto, su tío Nadem siempre le había parecido atractivo. Era del tipo de hombres que le gustaban al joven. Nadem era el más pequeño en edad de sus 5 hermanos, con apenas 38 años, e irónicamente, el más alto, con 185 cm de pura hombría. Sus músculos eran voluminosos y estaban en proceso de definición. Pasaba bastante de su tiempo en el gimnasio. Todo su cuerpo estaba cubierto por una gruesa y abundante capa de vello, algo que Roberto siempre envidió, pues el siempre había sido lampiño.

A decir verdad, Nadem no era, en absoluto, el hombre más atractivo del mundo, pero a los ojos de su sobrino no había nadie mejor. Solo de imaginar estar con Nadem en una situación más allá de lo moralmente correcto para un tío y su sobrino, hacía al corazón de Roberto palpitar enérgicamente cada que le veía.

Roberto se daba por satisfecho simplemente durmiendo en la misma habitación que Nadem. Grande fue su emoción al descubrir que la habitación que les habían asignado tenía una sola cama. Además, era apenas del tamaño justo para los dos, haciendo inevitable el contacto al dormir. Pero sin duda, lo mejor de todo fue el hecho de que, gracias al calor del ambiente, ambos hombres tendrían que dormir con nada más que su ropa interior.

Avanzada la noche, Nadem yacía profundamente dormido, a diferencia de su sobrino, quien no podía conciliar el sueño de la emoción. El hombre semidesnudo abrazaba a su sobrino como si de un peluche se tratase. Roberto podía sentir el peludo pecho de su tío frotar la piel desnuda de su espalda. Podía sentir las lentas respiraciones de Nadem rozando su cuello. Pero aún más importante, Roberto sentía el largo y grueso miembro de su tío frotándose contra sus nalgas. Aún sin tener una erección, esa cosa era enorme.

Un gran placer inundaba a Roberto, quien a propósito pegaba más y más su trasero a la ingle del hombre tras de el. Roberto no tardó mucho tiempo en tener una erección. Para aquel momento, su pene ya estaba fuera de sus calzoncillos. El chico se masturbaba con lentitud, cuidando no hacer movimientos bruscos o ruidos fuertes que pudieran despertar a su tío.

Un pensamiento intrusivo llegó a su cabeza, "¿Qué tal sí..." En un impulso salvaje y algo estúpido, Roberto tomó una de las manos de su tío y la condujo hasta su pene. Roberto casi eyacula al sentir las grandes y duras manos de Nadem tocando su carne, pero logró contenerse. Suave y lento, Roberto movió la mano de Nadem de delante a atrás, disfrutando de cada segundo al lado de su tío. Su respiración se tornaba cada vez más fuerte a medida que olas de éxtasis recorrían su espalda.

Gemidos escaparon de su boca en más de una ocasión, pero su leve tono era fácilmente superado por los constantes ronquidos de Nadem. Roberto experimentó un dolor extraño en lo más profundo de sus entrañas, era como tener un nudo en el estómago. Quería parar, "¡Es mi tío, por el amor de dios!" Se repetía en la cabeza una y otra vez, pero sus más bajos instintos le obligaron a continuar.

Roberto había llegado al clímax, liberando hilos de semen sobre la mano de su tío. Su propia mano también estaba repleta de su semilla. Una vez terminada su travesura y con algo de arrepentimiento, Roberto regresó la mano de su tío a su posición original. Avergonzado por lo que acababa de hacer, Roberto empezó a jugar con el brazalete mientras reflexionaba.

Miles de pensamientos llenaban su mente. ¿Que es lo que había pasado?, ¿Qué tan enfermo debía estar para haber hecho lo que hizo? ¿Por qué no se detuvo? ¿Alguna vez podría repetirse ese suceso?. Independientemente de lo mal que se sentía, Roberto deseaba poder dormir junto a su tío cada noche. Deseaba tocar ese cuerpo musculoso, acariciar ese grande y peludo pecho, llenar sus fosas nasales con el aroma que despedía su tío, y sentir esas poderosas manos rozando delicadamente sus partes más íntimas.

Con aquellas ideas dando vueltas en su mente, Roberto se quedó dormido. Lo último que recordó de esa noche fue una sensación cálida que se propagaba de su muñeca al resto de su cuerpo.

Al día siguiente, los rayos del sol matinal despertaron a Roberto. El joven sintió su cuerpo algo adolorido, cómo después de hacer ejercicio. Sus extremidades estaban entumecidas y su cuello algo contracturado. Aún somnoliento, Roberto se levantó de la cama, extrañamente del lado contrario al que había dormido. "Seguramente mi tío salió temprano a hacer ejercicio. Me habré movido hasta el otro extremo de la cama cuando el se fue" pensó, así que no le dio importancia.

Cómo todas las mañanas, su vejiga pedía ser vaciada de su carga nocturna. Dando pasos lentos pero firmes por el cuarto, Roberto llegó hasta el baño. Al entrar lo primero que vio fue el espejo del baño, pero no era su imagen la que se reflejaba. Frente a él, podía ver a Nadem. Desconcertado, Roberto avanzó más cerca del espejo. Podía ver cómo el reflejo de su tío imitaba todos sus movimientos, desde su torpe andar hasta la expresión de intriga en su rostro.

- ¿Que mier... - Dijo Roberto en voz alta, pero la que se escuchó fue la voz de Nadem. Instintivamente se llevó las manos a la boca, sintiendo al instante la rasposa barba de su tío en contacto con la llema de sus dedos. El joven comenzó a entrar en pánico, no sabía que estaba pasando. Al bajar la mirada para inspeccionar el resto de su cuerpo, sus ojos solo vieron dos enormes montañas de carne cubiertas por un oscuro vello, coronando un abdomen firme igualmente cubierto por una capa abundante de vello. Roberto sabía perfectamente a quien le pertenecían semejantes atributos masculinos.

Roberto dirigió su mirada una vez más hacia el espejo. Una sonrisa se comenzaba a dibujar en el rostro barbudo del reflejo. El pánico pronto fue sustituido por una mezcla de felicidad y excitación. De alguna manera, Roberto ahora era su tío Nadem.

Roberto pasó sus manos por los nuevos músculos en sus brazos. Eran magníficos, fuertes y bien trabajados. Sus manos también eran enormes, aunque del tamaño correcto en proporción con su cuerpo. Tenían algo de vello en el dorso, y en las palmas se podían sentir algunos cayos, resultado del trabajo con pesas de su tío.

Roberto flexionó sus brazos, disfrutando de la fuerza que ahora poseía. Al instante, un fuerte olor proveniente de sus axilas golpeó su nariz. Roberto levantó sus brazos por detrás de la cabeza, exponiendo ante sus ojos el par de fosos peludos de su tío. El olor se hizo aún más intenso, era una mezcla entre sudor y colonia. Nadem no sé había duchado desde el día anterior, por lo que su olor era muchísimo más fuerte de lo usual, cosa que Roberto amaba. Roberto hundió su nariz en sus ahora peludas axilas, inhalando con avidez el hedor masculino que emanaban.

Roberto no pudo evitar perderse en sus axilas, empujando su nariz cada vez más y más profundo en la fuente del aroma. No pasó mucho tiempo antes de que su áspera lengua recorriera aquel pozo, saboreando así el fuerte sudor de Nadem. Tras un buen rato, su mirada volvió a bajar, centrándose en sus piernas, gruesas como un par de troncos, e igualmente cubiertas por abundante vello.

Lo único que impedía a Roberto seguir con el espectáculo hacia una zona más íntima, era el short azul eléctrico que traía puesto. Aquel que amaba ver usar a su tío, pues marcaba perfectamente su redondo trasero y su enorme bulto. Había olvidado completamente que Nadem se había puesto eso antes de dormir, por lo que al verse en el espejo, su emoción creció aún más de lo imaginable.

Regalo Del Mar

Desviando brevemente su atención del espectáculo frente a el, notó que en su muñeca se hallaba el brazalete que había encontrado el día anterior. Curiosamente cuatro de las 5 perlas que lo formaban estaban brillando. La quinta perla parecía querer comenzar a brillar también.

No quería desperdiciar más tiempo solo observándose, Roberto necesitaba pasar a la acción pronto. Tanta excitación había despertado al monstruo en su entrepierna. Roberto pensaba guardar la potente erección para el final, pero era tan intensa que comenzaba a doler, haciendo imposible seguir ignorándola. Metió la mano en el short para jugar con sus bolas. Se sentían tan peludas como pensaba que serían, y eran tan grandes como recordaba de su experiencia la noche anterior. Sacó la mano de la ropa y rápidamente la llevó a su nariz, disfrutando el fuerte hedor a macho que ahora poseía.

Roberto tomó el elástico del short y lo bajo lentamente, liberando un enorme y palpitante tronco de carne. Sus manos se abalanzaron sobre el maravilloso pene que ahora poseía. Ni siquiera con ambas manos era capaz de sostenerla por completo. Verdaderamente era una monstruosidad. El joven tomó un poco de crema que había en el baño y comenzó a desplazar lentamente sus manos por todo el eje de su miembro. Era tan sensible.

Podía sentir como sus bolas se tensaban cada vez más a medida que se acercaba al orgasmo. El ambiente pronto se llenó con el sonido de gemidos. Roberto se sentí en el cielo, nunca imaginó que podría escuchar ruidos de verdadero placer saliendo de la boca de su tío. Sin embargo, lo estaba haciendo, era una melodía de puro placer. Mientras con una mano seguía masturbándose, ocupaba la otra para frotar su barba, acariciar sus pectorales y sus abdominales, apretar sus pezones y jugar con el vello de todo su cuerpo.

El momento estaba cerca. Roberto cambió sus movimientos suaves a unos más veloces y bruscos. Le costaba un poco seguirle el ritmo a ese cuerpo. Sus gemidos pronto se convirtieron en fuertes gruñidos, era como escuchar a una bestia en celo. Justo cuando toda su carga estaba por ser vaciada sobre el piso del baño, las perlas de su muñeca comenzaron a emitir un brillo intenso.

Cuando la primera gota de semen se asomaba desde la punta de su pene, Roberto calló inconsciente. Lo siguiente que vio fue el techo del cuarto. Estaba recostado en la cama. ¿Acaso todo lo sucedido había sido solo un extraño sueño húmedo? Roberto pudo haberse quedado con esa idea eternamente, de no ser porque al ir al baño, encontró a su tío Nadem tirado en el piso, totalmente inconsciente. No solo eso, su pene semirrígido estaba fuera de su short, con varias manchas de semen rodeándolo.

Roberto limpió y cubrió los genitales de su tío, no sin antes llevar un poco de la sustancia blanca a su boca. Tenía un sabor increíble. "Ojalá hubiera alcanzado a hacer esto en tu boca, tío". Roberto prosiguió a despertar cuidadosamente a Nadem. Al recobrar este la conciencia, se veía claramente confundido. Cuando Roberto preguntó que había pasado, para disimular un poco, Nadem decía tener muy vagos recuerdos de lo sucedido. Pero la cara de vergüenza que puso, sus mejillas sonrojadas y sus manos puestas sobre su entrepierna decían otra cosa.

Al revisar la muñeca de su tío en busca del brazalete, este ya no estaba. De alguna manera, había regresado al brazo de Roberto. Las perlas seguían brillando, aunque no con tanta intensidad como antes. Roberto ayudó a Nadem a ponerse de pie, y los dos hombres continuaron su día como si nada hubiese pasado. Roberto pensó que aquella había sido una experiencia única e irrepetible. Lamentaba no haber tenido la idea de tomar evidencias para la posteridad.

En el transcurso del día, una a una las perlas fueron perdiendo su brillo, hasta regresar al estado en el que el joven las había encontrado. Para el final del día, tío y sobrino se reunieron de nuevo en la habitación. Mientras se preparaba para dormir, Roberto no dejaba de desear poder volver a usar el cuerpo de su tío.

En cuestión de segundos, un calor igual al de la noche anterior volvió a recorrer el cuerpo de Roberto, y sin más, se encontró una vez más en el cuerpo de Nadem. Aquella noche no durmió en lo absoluto. Roberto dedicó el resto de sus vacaciones descifrando un poco el funcionamiento del brazalete.

Este le permitía tomar el cuerpo de su tío por 10 horas. Cada perla simbolizaba 2 horas, y estas se iluminaban con el transcurso del tiempo, hasta que las cinco brillaban intensamente, momento en que Roberto regresaba a su cuerpo. Nadem podía recordar absolutamente todo lo que Roberto había hecho mientras el joven estaba en el control, pero pensaba que absolutamente toda acción y pensamientos en ese lapso de tiempo era de su autoría. Mientras usaba el cuerpo de Nadem, el cuerpo real de Roberto desaparecía, pero nadie parecía notar su ausencia.

Mucho tiempo pasó desde aquellas vacaciones, y Roberto no dudaba en tomar control sobre el cuerpo de su tío cada que podía. En muchas ocasiones descuidó sus clases en la universidad. Aún se sentí algo avergonzado por robar el cuerpo de Nadem. Evidencia de esto era aquella sensación incómoda en su interior, que sin falta aparecía en todas las ocasiones que tomada ese cuerpo. Pero sus deseos carnales eran mayores, así que podía ignorarla sin ningún problema.

Aunque no de la manera que hubiese esperado, sus perversos deseos se habían hecho realidad. Ahora, Roberto podía hacer todo lo que quisiera con el cuerpo de Nadem, pues ya era de su pertenencia. Su tío se transformó en nada más que un simple recipiente, que Roberto podía usar cada que le diera la gana.

Regalo Del Mar

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5 months ago

Aniversario

Una soleada tarde de primavera, una leve brisa entraba por las ventanas abiertas del apartamento de Michael. El hombre yacía boca arriba sobre su cama destendida, con nada más que un suspensorio puesto. El cuerpo de Michael estaba bañado en sudor, resultado de su rutina de ejercicio matinal y el calor de la tarde. La luz de la habitación hacía los músculos de Michael resaltar aún más.

Aniversario

La habitación estaba bastante ordenada, a excepción de un poco de ropa sucia desperdigada por el suelo. El aroma masculino de Michael era perceptible en toda la habitación. Era el resultado de la mezcla de colonia, desodorante y sudor. A la mayoría le hubiera parecido un olor demasiado intenso, a algunos incluso repugnante, pero a Ernesto le encantaba ese olor. Lo único que Ernesto amaba más que el olor de Michael, era usar el cuerpo de Michael.

En la habitación contigua al cuarto, Ernesto se daba un baño refrescante. Por más que amara utilizar a Michael, el calor del ambiente hacía sofocante estar dentro de él por mucho tiempo. Para poder regular su temperatura, Ernesto tenía que salir un par de veces al día del interior de su anfitrión para darse un respiro. El agua tibia resbalaba por su rostro redondo y de barba desaliñada, hasta llegar a su abdomen globoso, y luego a sus piernas regordetas. La luz del sol que entraba al baño hacía relucir la pálida piel de Ernesto, haciéndole ver algo fantasmal.

Ernesto cerró la regadera y secó rápidamente su piel con la toalla de Michael. Michael estaba comenzando a despertar. Estaba desorientado, su memoria era muy nubosa. Lo último que recordaba era estar en una fiesta y tomar un par de cervezas, pero ahora estaba en su apartamento. Aunque, a decir verdad, de no ser por los muebles que reconocía a la perfección, no habría sabido en donde estaba. Todo el lugar estaba organizado de una manera diferente. Desde su closet, que ahora estaba empotrado al muro, hasta su cama, que antes estaba junto a la pared. Pero ahora estaba justo en el centro de la habitación, debajo de una extraña estructura de metal que seguramente serviría para sostener algo.

Aun tratando de entender el cambio en la habitación, Michael notó un cambio aún más importante. Recordaba perfectamente haberse afeitado el día anterior. A las chicas siempre les gustaba más su rostro limpio y cuerpo liso. Pero de alguna manera, todo su cuerpo se había cubierto de vello de la noche a la mañana. Había pelo por todos lados, incluso en sus axilas y entrepierna. Siempre había odiado tener un cuerpo tan peludo. Ahora tendría que salir a comprar crema para afeitar y varios rastrillos para poder eliminar todo el desastre que había sobre su piel.

Michael comenzó a frotar su cuerpo, notando aún más cambios. Su cuerpo parecía un poco más grande de lo que recordaba. Sus pectorales se habían vuelto más voluminosos. Sus piernas se notaban un poco más gruesas. Las venas de sus brazos eran más visibles de lo que recordaba. Era el avance de meses de ejercicio, pero de alguna manera lo había logrado de un día para otro. Como cereza del pastel, Michael vio dos enormes tatuajes, cada uno en un brazo diferente. El nunca marcaría su piel de manera permanente. Por alguna razón, los tatuajes no se veían recién hechos, por el contrario, cualquiera diría que les hacía falta un retoque.

Michael se bajaba de la cama cuando escuchó el ruido de la puerta del baño al abrirse. “Seguramente mi nena de ayer sigue aquí. Ya que no recuerdo nada de anoche, creo que una ronda matutina no estaría mal”, pensó Michael, emocionándose un poco. Su pene había comenzado a llenarse de sangre. El hombre abrió sus ojos como dos platos cuando del baño no salió una chica joven y sexy, sino una bola de grasa desnuda, bajita y muy blanca, parada despreocupadamente frente a él.

"Veo que estás despierto”, Dijo Ernesto en voz alta. “Bueno, disfrútalo. No volverá a ocurrir en mucho tiempo". Antes de que Michael pudiera reaccionar, Ernesto se lanzó contra él y lo tacleo, haciéndolo caer de nuevo a la cama. Michael trató de luchar, pero aún en su condición física, Ernesto era mucho más fuerte y ágil. Ernesto se levantó y tomó las piernas de Michael con sus manos. En un solo movimiento, el cuerpo musculoso de Michael quedó boca abajo. Las redondas y peludas nalgas de Michael estaban apuntando al techo, totalmente expuestas ante el pervertido hombre detrás de él.

Aniversario

“Esta pelea ha hecho que me emocione”, Dijo Ernesto mientras acariciaba su creciente miembro con una mano. Ernesto jaló a Michael al borde de la cama y se lanzó sobre su ancha espalda, usando su barriga para aprisionarlo contra el colchón. Aún contra tanto músculo, Ernesto no tuvo problemas para someter a Michael gracias a su peso. Ernesto alineó su pene ya erecto con el ano sudoroso de Michael, e inmediatamente comenzó a presionar hacia adentro. El agujero de Michael solo había sido utilizado por Ernesto, aún si el primero no lo sabía. Para Ernesto fue muy fácil abrirse paso por la estrecha entrada, introduciendo todo su miembro de un solo golpe.

Un gemido de dolor y placer se escapó de los labios de Michael. Ernesto movió sus caderas de adelante hacía atrás. Su pene por debajo del promedio casi se sale del ano de Michael en más de una ocasión. Michael se sentía asfixiado por el peso de Ernesto sobre él. Ernesto lograba tocar el punto G de Michael en algunos momentos, y de vez en cuando un leve gemido salía de los labios de Michael. Antes de que Michael siquiera se diera cuenta, las piernas de Ernesto ya se habían fusionado con las suyas. Solo las tonificadas y peludas piernas de Michael quedaron apoyadas en el piso a un lado de la cama.

Ernesto siguió empujando su cadera, y de un momento a otro, su pelvis se perdió en la de Michael. Ahora la cadera que se movía era la de Michael, y el placer que sentía se había incrementado exponencialmente. Su verga, hasta ahora flácida, había comenzado a levantarse dentro del suspensorio, y liberaba hilos de líquido preseminal en la tela. Michael ya no controlaba la mitad inferior de su cuerpo, pero podía sentir cada movimiento que esta hacía bajo el mando de Ernesto. En lo más profundo de su mente, una débil y familiar voz comenzó a resonar, le decía que este era su papel en el mundo, y que no le quedaba más que disfrutarlo.

El roce de las suaves sábanas de la cama estimulaba a Ernesto y Michael por igual. Ernesto bufó como toro al sentir la potencia del poderoso miembro que ahora controlaba. El pene de Michael era lindo, a Ernesto le gustaba verlo desde afuera, pero le encantaba poder sentir placer con él. A la vez que los bufidos de Ernesto se hacían más intensos, los gemidos de Michael también aumentaban en volumen y frecuencia. La cabeza de Michael era un desastre. Los instintos más básicos de su mente le decían que debía liberarse y correr. Al mismo tiempo la voz se hacía más y más intensa. La voz le repetía a Michael una y otra vez que debía dejarse llevar por el placer, que era su deber entregarse totalmente al desconocido.

Con un solo movimiento, Ernesto fusionó su gran vientre con el firme torso de Michael. La gran barriga de Ernesto se hundió dentro de Michael como si nunca hubiese existido. Ernesto empujó un poco más y logró dejarse caer completamente sobre los anchos hombros de Michael, y al hacerlo, también logró controlar sus brazos y sus manos en un solo movimiento. Ernesto usó los grandes y fuertes brazos de Michael para levantarse de la cama. Ahora el cuerpo de Michael tenía dos cabezas, por un lado estaba su cabeza original, y del otro estaba la del ladrón de cuerpos. Michael podía ver y sentir cómo su cuerpo se movía bajo la voluntad de Ernesto.

Ernesto caminó usando sus nuevas piernas gruesas para dirigirse hasta el espejo de cuerpo completo que tenía en el cuarto. Se paró frente a él y admiró su adquisición. Sin duda Michael había sido la mejor opción de todas las que tenía disponibles. Casi todas las partes del viril cuerpo de Michael estaban bajo el control de Ernesto, quien comenzó a flexionar sus brazos y a apretar sus pectorales peludos, enmarcando aún más la masa magra que ahora poseía.

La cabeza de Michael estaba inmóvil, pero con los ojos bien clavados en su reflejo. De vez en cuando, un gemido de placer salía de su garganta. En el interior, la conciencia de Michael no podía concentrarse en otra cosa que no fuera la voz. Era su propia voz hablándole en el interior. Decía que estaba siendo un buen contenedor para el amo. Decía que su deber era servir a su maestro sin importar qué. Decía que su cuerpo ahora era única y exclusivamente propiedad de su maestro. Michael ya no luchó más. Solo podía pensar en complacer a su raptor.

"Gracias por darme este gran cuerpo. Hoy es un día especial, así que te dejaré estar consciente. Así podrás ver cómo me hago cargo de él jeje", las bocas de Ernesto y Michael dijeron al unísono. Ernesto bajó las manos de Michael por todo su cuerpo. Una vez en sus caderas, tomó el elástico del suspensorio y lo dejó caer hasta sus tobillos. Con toda su gloria masculina al descubierto, Ernesto comenzó a masturbar su verga, que estaba tan firme como un mástil. Ambas cabezas comienzan a gemir y bufar a la vez. La mente de Michael aún era semi independiente, pero el resto de su cuerpo ya había sucumbido al control del ladrón.

“Hora del gran final", dicen Ernesto y Michael a la vez. Aún frente al espejo, Ernesto continuó masturbándose, usando su verga robada. El sudor salía de cada poro de la piel de Michael, y escurría por todas partes, funcionando como lubricante. Después de un par de frotamientos más, Ernesto pudo sentir que estaba a punto de correrse, y antes de soltar su carga, empujó su cabeza contra la de Michael, tomando el control total al mismo tiempo que dejaba su leche caliente y espesa por todo el espejo. Ernesto se dejó caer de rodillas y usó la lengua de Michael para limpiar hasta la última gota de semen del espejo. "Delicioso", dijo en voz alta para sí mismo.

Aniversario

El cuerpo de Michael estaba bañado en sudor. Ernesto se levantó del piso, tomó la toalla que había usado para secarse previamente y se quitó el exceso de sudor de la piel. Rápidamente se vistió con un conjunto que tenía preseleccionado. Este era el comienzo de un gran día, un día de celebración. Después de todo, justo hace un año, Ernesto había dejado su trabajo como conserje y había robado el cuerpo y la vida del adinerado Michael, el DILF del edificio en el que trabajaba. Casi nadie notó la ausencia del conserje latino del edificio, y a los pocos días contrataron uno nuevo. Ernesto ya no tenía que preocuparse nunca por el dinero o tener un trabajo que involucrara esfuerzo físico. Sin duda, robar el cuerpo y vida de Michael fue la mejor idea que pudo haber tenido.

Aniversario

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